"Ven si servir a Cristo está en el centro de tu vida"(P. Pedro Arrupe)

Ser jesuita

La Compañía de Jesús es una comunidad de sacerdotes y hermanos dedicados al servicio de Dios y de la Iglesia, para el mejoramiento del mundo que nos rodea. Sea cual sea nuestro ministerio, desde la universidad hasta la parroquia, al servicio de los pobres y de los refugiados, nuestro trabajo siempre es para la gloria de Dios y la ayuda y la salvación de las almas.

Como jesuitas y amigos en la misión, te invitamos a formar parte de nuestra historia. En palabras del Padre Pedro Arrupe, S.J.:

“Ven si servir a Cristo está en el centro de tu vida.
Ven si tienes hombros anchos y suficientemente fuertes.
Ven si tienes un espíritu abierto, una mente razonablemente abierta
y un corazón más grande que el mundo.
Ven si sabes contar una broma y te puedes reír con los demás y…
en ocasiones puedes reírte de ti mismo.”

 
 
 

Misión de los Hermanos

Los Hermanos jesuitas son parte integral de la Compañía de Jesús:

“Hoy los Hermanos en la Compañía están integrados en una gran variedad de apostolados con plena responsabilidad en ellos. Nos recuerdan... la profundidad de la consagración, la amorosa y gozosa entrega de sí mismos al Señor a través de los votos de pobreza, castidad y obediencia”.

(Carta del Padre Arturo Sosa, 31 de octubre de 2017)

 

Misión Sacerdotal

La Congregación General 34 expresa bien cómo elegimos nuestra misión:

“Desde la fundación de la Compañía, hemos ejercitado nuestro ministerio especialmente donde las necesidades son mayores, donde no hay otros que las alivien y donde puede lograrse un bien más universal. […]
Este espíritu continúa conformando la actividad sacerdotal de la Compañía: su ministerio se dirige principalmente a quienes no han oído la Buena Nueva; a quienes se hallan en los confines de la Iglesia o de la sociedad; a aquéllos a quienes se niega su dignidad; a los sin voz y sin poder; a los débiles en la fe o los alejados de la fe; a aquéllos cuyos valores flaquean a causa de la cultura contemporánea; a quienes acarrean un peso superior a sus fuerzas”.

(CG34, D. 6, nº 168-169)

 
 

Disponibilidad para la Misión

Nuestro especial voto de obediencia al Papa significa que estamos disponibles para la misión donde quiera que el Santo Padre desee enviarnos, y donde sea que la necesidad sea mayor. Trabajamos como pastores, maestros y capellanes. También somos médicos, abogados y astrónomos, entre muchos otros roles en la Iglesia y en la sociedad. En nuestros variados ministerios, predicamos el Evangelio de Jesucristo y nos preocupamos por la persona en su totalidad: cuerpo, mente y alma.

Como dijo el Papa Pablo VI, un texto repetido por los Papas posteriores:

“Dondequiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles y de primera línea, en los cruces de las ideologías, en las trincheras sociales, ha habido o hay confrontación entre las exigencias urgentes del hombre y el mensaje cristiano, allí han estado y están los jesuitas”.

(Papa Pablo VI, Discurso a la Congregación General 32, 3 de diciembre de 1974, repetido por el Papa Benedicto en su discurso a la CG35 y por el Papa Francisco en los documentos enviados antes de la CG36).

 

Formación

La formación de los jesuitas, ya sean hermanos o sacerdotes, prepara a los hombres para dialogar con la cultura que los rodea, para encontrar a Cristo en esa cultura, y para ayudar a otros a hacer lo mismo. Nuestro objetivo es una sólida integración de lo espiritual con lo humano y un desarrollo pleno de la persona, basado en la imitación de Cristo.

Nuestra formación implica una preparación académica profunda, que nos capacite para ayudar a los demás de una manera mejor. La Tercera probación concluye la formación de los jesuitas, y le siguen los votos finales, que significan la incorporación definitiva en el cuerpo de la Compañía de Jesús. Sin embargo, a lo largo de su vida, un jesuita está llamado a la renovación permanente, y se organizan diferentes programas de formación continua, con una fidelidad creativa a los documentos fundacionales de la Compañía de Jesús.

 
 

Vida Comunitaria

Los jesuitas somos amigos en el Señor, y en la vida comunitaria, tratamos de apoyarnos unos a otros a través de nuestro compañerismo. La vida comunitaria es una dimensión importante de nuestra identidad jesuita, así como un elemento integral y fundamental de nuestra misión. Cada jesuita desea constantemente que su propio trabajo apostólico se desarrolle, y que, a través del aliento de los hermanos, se lo estimule y ayude a dar fruto. Para nosotros, la comunidad es un lugar privilegiado de discernimiento apostólico.

Las Congregaciones Generales recientes han resaltado la importancia de la comunidad como misión. Recordando la experiencia de los primeros jesuitas, para quienes la vida y la misión tenían sus raíces en una comunidad con capacidad de discernimiento, la Congregación General 36, en 2016, declaró lo siguiente:

La comunidad es el espacio concreto en el que vivimos como amigos en el Señor. Esta vida en común está siempre al servicio de la misión, pero dado que la unión fraterna proclama el Evangelio, es misión en sí misma (CG36, D. 1, nº 9).

Esto hace eco de una declaración anterior, de la Congregación General 35 en 2008:

Nuestra misión no se limita a nuestro trabajo. Nuestra relación personal y comunitaria con el Señor, nuestra mutua relación como amigos en el Señor, nuestra solidaridad con los pobres y marginados y un estilo de vida responsable con la creación, son aspectos importantes de nuestra vida de jesuitas. Dan autenticidad a lo que proclamamos y a lo que hacemos en el cumplimiento de nuestra misión. El lugar privilegiado de este testimonio colectivo es nuestra vida de comunidad. Por ello la comunidad de la Compañía no es solo para la misión, ella misma es misión. (CG35, D. 3, nº 41).