“El jesuita es un servidor de la alegría del Evangelio”(Papa Francisco, Congregación General 36, noviembre de 2016)

Quiénes somos

La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola y sus compañeros. La misión jesuita es una misión de reconciliación, que trabaja para que las mujeres y los hombres puedan reconciliarse con Dios, consigo mismos, con los demás, y con la creación de Dios.

Historia

La Compañía de Jesús fue fundada en 1540 por San Ignacio de Loyola, con la aprobación del Papa Pablo III. Ignacio de Loyola había reunido a su alrededor a un grupo de hombres dinámicos y bien educados, que no deseaban más que ayudar a otros a encontrar a Dios en sus vidas. El plan original de Ignacio era que los jesuitas fueran misioneros itinerantes, que predicaran y administraran los sacramentos allí donde hubiera esperanzas de lograr el bien mayor. Desde su fundación, la Orden ha ido creciendo desde los 10 jesuitas iniciales a más de 16.000 en todo el mundo.

 
 

Congregaciones Generales Recientes

Siguiendo el llamado del Vaticano II, la Congregación General 31 retomó la inspiración original de San Ignacio y de sus primeros compañeros. Guiada por el Padre General Pedro Arrupe, hubo un creciente énfasis en la oración personal, y una profunda renovación de la vida comunitaria. La Congregación General 32 en 1975, respondiendo al llamado del Sínodo de los Obispos, enfatizó el estrecho vínculo entre el servicio de la fe y la promoción de la justicia. La Congregación General 33 eligió a un nuevo Superior General, y subrayó que el diálogo con las culturas es esencial para todo tipo de evangelización. La Congregación General 34 llevó a cabo una profunda reflexión sobre muchos aspectos de la vida de los jesuitas, y también actualizó nuestras normas y legislación. Durante la Congregación General 35, y luego de 24 años en su cargo, renunció el Padre Peter-Hans Kolvenbach. La Congregación emitió un importante documento sobre la identidad jesuita: “Un fuego que enciende otros fuegos”. La Congregación General 36 eligió al Padre Arturo Sosa como Superior General, el primer padre de América Latina en ocupar ese cargo.