La educación: una contribución clave siempre

Feb 6 , 2020 Historias

El Centro Cultural Educativo Apu Palamguwan (APC): este nombre hace referencia a un antiguo Pulangiyēn que pensaba que “estos niños podrían escribir su historia”. Esta organización es una obra jesuitica, relacionada con la ESSC (Environmental Science for Social Change), que lleva a cabo un amplio programa educativo para el pueblo indígena Pulangiyēn que vive en Bendum, en la isla de Mindanao, en Filipinas. Las familias de los migrantes también pueden participar en el programa. Se trata de filipinos de otras partes del país que han venido a la región ya que trabajaron para empresas de explotación forestal.

Efectivamente, los jóvenes van a la escuela. El APC ofrece en los dos campus que tiene en Bendum un programa educativo que abarca desde guardería hasta el grado 12, el final de la escuela secundaria. El APC también tiene en otras cuatro comunidades indígenas escuelas para niños pequeños desde el jardín de infancia hasta el tercer grado. De acuerdo con el Ministerio de Educación, que ahora reconoce las “escuelas aborígenes”, los programas se diseñan y enriquecen teniendo en cuenta el contexto social, cultural y ambiental en que se llevan a cabo. Toda la organización de la escuela se realiza en conexión con la comunidad, en constante diálogo con el datu, el jefe local y su consejo, donde, dicho sea de paso, las mujeres juegan un papel muy importante.

Jenny Lynn Lee (Jen) es la administradora de las escuelas que adoptó, y fue “adoptada”, por la comunidad indígena de Bendum, teniendo en cuenta sus casi 10 años de servicio y de compromiso al trabajo de la escuela. Su asistente, Mercy Pakiwag, pertenece a la comunidad indígena y se ocupa de forma especial del acompañamiento de los alumnos y de sus familias. Ambas insistieron en que captáramos que la esencia de su trabajo consiste en ofrecer a los jóvenes un acompañamiento de calidad, basado en los valores fundamentales de su cultura, teniendo siempre en cuenta las situaciones a menudo difíciles en las que se encuentran.

Por ejemplo, de acuerdo con sus tradiciones, los jóvenes se casan muy pronto. Hasta hace 20 años, solían hacerlo a los 12 o 13 años de edad; ahora suele ser a los 15 o 16. El origen de esta costumbre arranca del hecho de que las familias no pueden seguir manteniendo a todos sus hijos, lo que lleva a los padres a animar a independizarse a los adolescentes que les parecen ya suficientemente maduros. La escuela trata de persuadirles de lo importante que es para su futuro la educación académica y social. Estos nuevos valores están contribuyendo de forma muy positiva a elevar gradualmente la edad del matrimonio para los jóvenes.

Mercy enseña lo que podría llamarse “educación integral” en los cursos que se imparten entre los 7 y los 12 años. Se trata en este caso de dar fundamento a los valores de la comunidad y de fortalecer el sentido de pertenencia a ella, de forma que crezca el desarrollo de la identidad personal en el seno del grupo. Mercy está siempre disponible. Con ella, los jóvenes siempre tienen una adulta dispuesta a escucharlos. Por supuesto, el atractivo de la aventura y la novedad atrae a los adolescentes a dejar la comunidad para ir a probar suerte en la ciudad... donde no encontrarán fácilmente la felicidad y el éxito. De todas formas, Jenny y Mercy les insisten en que siempre serán bienvenidos si deciden volver y, también, en que podrán continuar su escolarización.

Al final, la educación impartida por el APC en Bendum supone apuntar hacia una forma de vida enraizada en los valores de la comunidad, y ofrecer apoyo para ir más allá en la vida. Se trata de ofrecer, especialmente a los jóvenes indígenas, otras formas de encontrar su lugar en la realidad global actual a la que inevitablemente se tendrán que acabar enfrentando, sin que los aplaste el sistema socioeconómico dominante que tan poco respeto tiene por aquellos a los que el mismo arrastra hacia la marginalidad.

 

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