Nov 26 , 2018 Historias

Gideon Warisa, escolar jesuita, nos cuenta lo siguiente

Fui encargado de la promoción vocacional de la Región Jesuita de Kohima desde octubre de 2015 hasta abril de 2018. El Señor ha sido misericordioso con nosotros durante estos años. Nueve jóvenes entraron al noviciado en 2016 y 11 cada uno de los años 2017 y 2018. Son jóvenes que provienen de diferentes tribus con culturas diferentes y hablan diferentes idiomas, todos de clase media y de familias muy religiosas. Algunos de estos chicos han estudiado en escuelas o colegios de jesuitas y allí han sabido de nosotros. Otros nos han conocido a través de los sacerdotes, monjas o ancianos de sus parroquias... o a través del promotor vocacional jesuita.

El trabajo de este jesuita es visitar varias escuelas, colegios y parroquias y hablar a los jóvenes católicos sobre la vida religiosa en la Iglesia, especialmente, por supuesto, sobre la vida en la Compañía. Aunque el trabajo de promoción vocacional es una fuente de gran alegría, implica también numerosos desafíos. Mi experiencia ha sido la siguiente:

- Largos y agotadores viajes. En primer lugar, viajar a escuelas, colegios y parroquias de los estados del noreste de la India y, en segundo lugar, visitar a las familias de cada uno de los jóvenes que muestran el deseo de unirse a nosotros.

- En algunos casos, aunque los chicos querían unirse a nosotros, los padres no estaban de acuerdo y, por lo tanto, no recibían con alegría mi presencia. A veces me sentí humillado.

- En otros casos, tras conocer las condiciones familiares, a veces de extrema pobreza, tuve que ayudar a un joven, que mostraba gran deseo de unirse a la Compañía, a comprender que sería mejor que primero se ocupara de su familia y luego pensara en ingresar en la vida religiosa.

Yo añadiría que las mayores alegrías y, al mismo tiempo, las experiencias que verdaderamente constituyeron una fuente de humildad para mí, fueron:

- Comprender que yo no era sino un instrumento en las manos de Dios para llegar a aquellos a quienes Él llamaba a la Compañía;

- Escuchar la historia de cada joven y ver su entusiasmo por servir al Señor y a Su pueblo;

- El tremendo apoyo que recibí de mis superiores y compañeros;

- La hospitalidad que sentí de muchos sacerdotes, monjas y fieles católicos durante mis visitas y viajes.

Sí, la promoción vocacional es una obra apasionante, llena de momentos de consuelo inesperado y de lecciones de humildad. Por todo esto, doy gracias al Señor.

Etiquetas: Vocaciones Jesuitas