Oct 31 , 2018 Historias

Un nuevo año en el Pontificio Instituto Oriental

“Nuestro papel es actuar en conformidad con la misión de Dios de salvar al mundo de su locura y dar testimonio de su amor y misericordia.”

Es en estos términos que el rector del Pontificio Instituto Orientale describió la razón de ser de esta institución confiada por los Sumos Pontífices a la Compañía de Jesús. El P. David Nazar, SJ, abrió el año académico el 26 de octubre dirigiéndose a estudiantes, personal administrativo, benefactores y amigos reunidos para la ocasión. Después de describir los avances realizados en los últimos tres años para mejorar la capacidad del Orientale de proporcionar un ambiente de calidad para todos los miembros de su comunidad universitaria, habló de varios proyectos para el año en curso, incluyendo un seminario sobre pedagogía ignaciana.

Dos párrafos del discurso de David Nazar merecen nuestra especial atención, uno sobre el papel “diplomático” del Orientale y el otro sobre la Providencia manifestada por el apoyo de los bienhechores a la misión fundamental de la institución.

“Desde su creación, las universidades nunca han sido meras instituciones para profesores y estudiantes. Establecieron importantes relaciones con la comunidad que los rodeaba, a través del desarrollo de técnicas agrícolas, medicina, teorías políticas, debates sobre ética social y descubrimientos científicos, incluso para la producción de cerveza. (…) En los últimos dos años, hemos tenido la suerte de profundizar importantes colaboraciones con muchos diplomáticos sobre temas de la Iglesia y del mundo. Hemos tenido conferencias conjuntas con los Embajadores ante la Santa Sede de Georgia, Armenia, la Unión Europea, Bulgaria, Grecia y Rumania. Este año trabajaremos conjuntamente con el Embajador de Croacia en una conferencia e igualmente está prevista una conferencia con el Embajador de Turquía. También seguimos manteniendo importantes intercambios con los Embajadores de Ucrania, Rusia, Austria, los Estados Unidos de América y Gran Bretaña.”

“Nuestro papel es actuar en conformidad con la misión de Dios de salvar al mundo de su locura y dar testimonio de su amor y misericordia. Nunca estamos solos. Dios es mucho más concreto en sus obras que nosotros. Antes de que comenzáramos todos estos cambios, no teníamos suficientes medios y recursos para hacerlos posibles. Solamente teníamos una visión común y una esperanza real. Parece que Dios ha compartido esta visión y nuestra esperanza. Los benefactores son para mí un signo de que Dios quiso que algo sucediera desde el momento en que infundió en sus corazones la generosidad para colaborar en nuestra misión.”

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