Oct 25 , 2018 Historias

Una auditora: Nathalie Becquart, javeriana

Participan en el sínodo auditores y auditoras que están siempre presentes, y que intervienen en la sesión plenaria. También participan en los intercambios en grupos lingüísticos. Son unos 35 jóvenes y una decena de líderes adultos. Conocimos a la Hermana Nathalie Becquart, javeriena, que hasta hace poco era directora del Servicio de Evangelización de la Juventud de la Conferencia Episcopal Francesa.

Nathalie, ¿cuál es la importancia y el impacto de la presencia de unos 35 jóvenes durante los trabajos de este Sínodo de Obispos?

Los jóvenes desempeñan un papel importante en este Sínodo, en primer lugar, por su presencia, su modo de ser muy sencillo, y el hecho de que reaccionan, a veces con aplausos, a las diversas intervenciones. Además, cada uno tiene una intervención de cuatro minutos. Hablan muy francamente de lo que piensan que está mal, de lo que les gustaría que cambiara en la Iglesia. Tienen un papel importante en los pequeños grupos lingüísticos, donde se les escucha y se les solicita. Quisiera añadir que se percibe que la mayoría de los obispos han preparado con algunos jóvenes sus intervenciones antes de venir aquí.

La libertad - incluida la libertad de expresión - es un valor muy apreciado por los jóvenes en general; y es también un elemento central de la espiritualidad ignaciana. ¿Cómo se vive esta dimensión de la fe en el contexto del Sínodo?

Lo principal del Sínodo será sin duda la experiencia de la escucha profunda vivida aquí. Todos toman la palabra. Lo que marcó la pauta de la libertad de expresión fue el Papa Francisco que, en su discurso de apertura, invitó a todos a hablar con franqueza. Los jóvenes lo hacen con mucha fuerza. Pero también otros: me sorprende oír a los obispos hablar de una manera audaz y valiente. Los obispos que han participado de otros sínodos dicen lo diferente que es esta vez. Hay un tono informal y alegre. Las cosas han cambiado y se siente que seguirán cambiando. Es la libertad del Espíritu Santo que se siente, el soplo del Espíritu, el soplo del Vaticano II y el de los jóvenes que viven su fe, en libertad, con todo lo que ellos son.  

Usted es una religiosa javeriena, miembro de la gran familia ignaciana. A partir de su experiencia del Sínodo, ¿cómo podría nuestra espiritualidad ser apropiada para los jóvenes de nuestro tiempo?

Creo que estamos viviendo un momento de Kairos para la espiritualidad ignaciana. Tenemos un papa jesuita - ¡no ocurre muy a menudo! - porque estamos en una época de la Iglesia y de la sociedad donde las palabras clave son discernimiento y acompañamiento. La experiencia de los jóvenes en la era de la globalización es que tienen muchas posibilidades. Su pregunta principal es: "¿Cómo tomar las decisiones correctas, qué puntos de referencia adoptar? ». En este contexto, y más allá de nuestros círculos ignacianos, se espera con impaciencia la espiritualidad y la pedagogía ignaciana. Toda la Iglesia puede beneficiarse de ello. Es necesario compartirla, en particular, porque hay una gran necesidad de formación papa el acompañamiento y para el discernimiento. 
Para concluir, quisiera añadir que me han conmovido muchas de las intervenciones de los jóvenes. Pero en particular -y esto está en línea con un tema promovido por los jesuitas y la familia ignaciana- está la situación de los migrantes.  El jesuita Michael Czerny afirmó que lo que los jóvenes migrantes y refugiados experimentan en la transición de una realidad a otra, en su capacidad de resiliencia e inculturación, es un verdadero laboratorio. Esto nos dice algo sobre el camino que debemos vivir en la Iglesia hoy. La Iglesia misma está en un camino de migración para pasar de una cultura antigua a una cultura nueva, a nuevos lenguajes. Es una llamada muy fuerte a vivir el cambio, con la resiliencia y la fuerza que tantos jóvenes migrantes muestran mientras pasan por dificultades y encuentran una nueva forma de vida.

Etiquetas: Iglesia Sínodo