"Deseando y eligiendo sólo lo que es más propicio para nosotros hasta el fin para el cual fuimos creados"(San Ignacio)

San Ignacio de Loyola

San Ignacio provenía de una familia de la nobleza menor, de la región vasca del norte de España y, en su juventud, soñó con alcanzar honor y fama.

Todo eso comenzó a cambiar un día en la primavera de 1521. Ignacio tenía entonces 30 años, era un Caballero en la Corte Real Española. Estaba al frente de sus compañeros de combate en una batalla contra los franceses que estaban seguros de perder, cuando fue herido en la pierna por una bala de cañón. Durante una difícil convalecencia, Ignacio pidió libros sobre caballería, su lectura favorita. No había nada disponible. Tuvo que conformarse con un libro sobre la vida de Cristo, y con biografías de santos, y los encontró inesperadamente fascinantes.

San Ignacio siempre había soñado con imitar actos heroicos, pero ahora, los héroes tenían nombres como Francisco de Asís y Catalina de Siena. Ignacio también notó que le sucedía algo extraordinario. Se dio cuenta de que Dios estaba trabajando en él, incitándolo, guiándolo, invitándolo. En años posteriores, mientras viajaba por todas partes del mundo, se dio cuenta también de que Dios trabajaba de manera similar en las vidas de todas las personas, en los hechos que ocurrían en el mundo diariamente.

 

Ejercicios Espirituales

Durante la década de 1530, San Ignacio de Loyola comenzó a escribir sobre las emociones que experimentaba en la vida cotidiana: sentimientos de gratitud, angustia, consuelo, tristeza. Esas meditaciones terminaron convirtiéndose en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, publicados por primera vez en 1548.

Los Ejercicios Espirituales son una compilación de meditaciones, de oraciones y de otras prácticas contemplativas. Son un manual o guía, en especial para los directores espirituales que acompañan y guían a las personas, a través de este dinámico proceso de reflexión. El objetivo de los Ejercicios Espirituales es ayudar a las personas a desarrollar su atención, su apertura y su receptividad a Dios.

 
 

Constituciones

Las Constituciones fueron escritas por San Ignacio en colaboración con otros, especialmente con su secretario Juan de Polanco, durante varios años, luego de la llegada de la Compañía a Roma. El texto refleja una confianza extraordinaria en la guía carismática de Dios, y al mismo tiempo una conciencia realista de la necesidad de estructura. Las diez partes o secciones que la forman tratan sobre las etapas sucesivas de incorporación a la Compañía, sobre la vida en misión, y sobre cómo puede organizarse y gobernarse para seguir avanzando en el servicio divino.

Encontrar a Dios en todas las cosas

La misión de San Ignacio y sus compañeros nació de la experiencia personal de Dios. Este encuentro con un Dios amoroso es central en nuestra misión, cuando buscamos a otros y vivimos el Evangelio. Nuestra espiritualidad se basa en la convicción de que Dios actúa en nuestro mundo. El camino espiritual trazado por Ignacio nos ayuda a discernir la presencia de Dios, a find God in all things, a tender la mano y alcanzar un mundo diverso, lleno de gracia y a la vez imperfecto. Aportamos esta espiritualidad al contexto humano más amplio, mientras perseguimos la justicia social, la paz y el diálogo. Ser contemplativo en acción significa que nuestra vida activa alimenta nuestra vida contemplativa y que nuestra vida contemplativa informa nuestra vida activa.

 

Discernimiento

El discernimiento consiste en encontrar la voz del Espíritu de Dios, que nos habla en los detalles corrientes y prácticos de nuestras vidas. Es un don esencial que San Ignacio brindó en los Ejercicios Espirituales. Al tratar siempre de escuchar al Espíritu, sin apegarnos a nuestros propios deseos e ideas, los jesuitas deseamos descubrir adonde conduce el Espíritu de Dios y responder con humildad y alegría.

En nuestro trabajo apostólico, la Compañía practica el Discernimiento en Común para tomar decisiones sobre asuntos apostólicos importantes. Quienes participan en el discernimiento, oran y reflexionan sobre la decisión a tomar, y luego comparten los frutos de la oración. El Superior Mayor o el Director del trabajo toma la decisión final. Una oficina especial para el Discernimiento en Común y la Planificación Apostólica en la Curia General promueve este proceso.